miércoles, 17 de diciembre de 2014

Bringing them home: La generación robada


Todos tenemos en mente a Australia como un gran país, y no sólo hablo de su tamaño sino también de sus paisajes, si te gusta la naturaleza, su fauna (quién puede resistirse a un canguro o a un koala), su gente: educados, amantes del deporte, un país con un 5% de paro y una calidad de vida superior a Suiza, Noruega o Canadá, lo que viene siendo el mismo paraíso en la tierra. Pero con los países pasa como con las familias, que todos guardan un oscuro secreto.

En el año 2002, el cineasta australiano Phillip Noyce estrena la película “Rabbit-Proof Fence”, donde saca a la luz una historia que Australia tenía escondida en un cajón y que, hasta el día de hoy, incomoda a muchos australianos. La cinta habla de cómo el gobierno australiano, entre los años 1869 y 1976, secuestró a cientos de miles de niños aborígenes, siendo sus años álgidos entre 1910 y 1970.
Cartel de la película.
En España se llamó "Generación perdida"

 
Cuando los ingleses llegan a Australia a finales del siglo XVIII, la declaran como “Terra nullius”, es decir, tierra no habitada o tierra de nadie, pasando por alto a los 750.000 aborígenes que allí vivían desde hacía 60.000 años. Les expulsaron de las tierras más fértiles, que son lógicamente las que habitaban, obligándoles a irse a las tierras áridas del interior. Ya en 1911 el número de aborígenes había descendido a 31.000.


Aborígenes encadenados en Tasmania. 1906.
 
En el año 1997 ve la luz un informe llamado “Bringing them home” promovido principalmente por el fiscal general del estado australiano Michael Lavarch, en el que, en sus 680 páginas se narra el modo en el que se trató de que la población indígena australiana fuera borrada del mapa mediante lo que se llamó “Políticas de asimilación”, que no consistía en otra cosa que en separar a los niños aborígenes de sus familias para mezclarlos con la población blanca.
El organismo oficial Junta de Protección de Aborígenes se crea en 1883 y gracias a la Ley de Protección de Aborígenes (es curioso que se llamara así) esta junta, con representación en todo el territorio australiano, tenía autoridad para llevarse de su casa a cualquier niño aborigen sin necesidad de probar que estuviera recibiendo maltrato o no estuviera atendido por sus padres. Cualquier policía o incluso un jefe de estación estaba autorizado para separar a los niños de sus padres. De entre todos los niños, se prefería a las niñas, y de entre las niñas, a las de piel más clara (mestizas) pues, desde estas juntas, se tenía la convicción de que en tan sólo dos generaciones los aborígenes desaparecerían de Australia, como de hecho así fue en muchas familias.



Desaparición de rasgos indígenas en tan sólo tres generaciones
 
Estas niñas eran mandadas a escuelas de adistramiento como la “Escuela Cootamundra” cuya consigna no podía ser más concisa: “Piensa como un blanco, parécete a un blanco, actua como un blanco”. En estas escuelas, además de tratar de borrar de su mente todo recuerdo de su familia y su cultura, también eran formadas para luego trabajar en el servicio doméstico en casa de los blancos. En el caso de los niños luego trabajaban como peones en el campo o aprendices. Siempre trabajos de baja cualificación.
 

 

 

Se calcula que hasta 1969 el gobierno junto a misiones católicas, habían sido autores del secuestro de 150.000 niños. El número de habitantes de origen aborigen en la actualidad es de 470.000 personas, tan sólo el 2% de la población. Una población que continúa viviendo marginada. Hasta 1962 la población indígena no tuvo derecho al voto, conviven con problemas muy serios de drogadicción y alcoholismo y con altas cifras de depresión y suicidios. Sus sueldos son de media 3 veces inferior a los de la población blanca, el desempleo cinco veces mayor, su esperanza de vida de 18 años menos y la mortalidad infantil es del doble.
Aunque en el año 2008 el primer ministro, el laborista Kevin Rudd, pidió disculpas en el Parlamento a toda esa generación robada, las heridas aún continúan abiertas y hay mucho camino por andar, sobre todo porque todavía el íncide de australianos que no quiere saber nada del tema sigue siendo muy alto.


Representación de los raptos en el Gran Reloj Australiano
Queen Victoria Building (Sídney)
 
 
 
 
 

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