sábado, 13 de diciembre de 2014

Diamantes y el Proceso Kimberley



Cantaba la inolvidable Marilyn Monroe que los diamantes son los mejores amigos de una mujer. Y es que, pueden ir o no con tu estilo, pero  lo cierto es que la belleza de esas piedras es innegable. Es además, un negocio suculento. En 2013 la industria de las joyas con diamantes ha alcanzado la cifra de 79.000 millones de dólares. En EE.UU., primer consumidor mundial y gracias a la recuperación económica de la que disfruta, sus ventas han subido un 7%. En la India y en China, gracias al aumento de la clase media, en los últimos 5 años las ventas se han incrementado un 12%.


 

 
Todos tenemos en nuestra mente esas escenas almibaradas de películas estadounidenses en la que el protagonista le pide a su novia matrimonio con una rodilla hincada en el suelo mientras le ofrece un diamante cuyos quilates es siempre proporcional al amor que siente por ella. Es una auténtica tragedia cuando el “prota” no puede comprar el anillo de los sueños de su pareja.
 
 
No recuerdo la primera vez que oí hablar de los “diamantes de sangre”. Me esfuerzo en recordarlo pero no hay manera.
Pero, ¿qué son los diamantes de sangre? Se denominan diamantes de sangre, diamantes ensangrentados o diamantes de la guerra a todas esas piedras preciosas cuyo comercio ilegal han servido a los grupos rebeldes africanos para financiar sus guerras. Conflictos que durante años han sufrido países como Angola, Liberia, Sierra Leona, Guinea, Costa de Marfil, República Centroafricana o la República Democrática del Congo.
Por ponernos en situación, podemos hablar brevemente de alguna de estas guerras.  En 1989 Charles Taylor da un golpe de estado en Liberia. Este conflicto se convierte en el primer escenario de los llamados “señores de la guerra” en África occidental ya que la rebelión fue financiada, primero con el tráfico de madera y caucho, luego con diamantes. Durante estos años y hasta las elecciones amañadas que Taylor “ganó” en 1997, el pillaje, el tráfico ilegal de estas ricas materias primas, el secuestro de ciudadanos para trabajar como esclavos en las minas o el secuestro de niños para luchar como soldados fue tónica habitual.






Proceso contra Charles Taylor. La Haya. 2010



 
En los siguientes años el Frente Unido Revolucionario (RUF) de Sierra Leona recibió el apoyo de Taylor tanto para levantarse contra su gobierno, así como en las incursiones que los rebeldes del RUF realizaban en las zonas boscosas de Guinea para extraer diamantes y así financiar ambos conflictos: El de Taylor en Liberia y el del RUF en Sierra Leona.
 
 
 
 
Es por ello que tanto Guinea como Costa de Marfil (en donde también habían llevado a cabo incursiones los hombres del RUF), deciden dar apoyo y armar a una facción del ejército Liberianos Unidos para la Reconciliación y Democracia (LURD), opositores a Taylor, que invaden Monrovia provocando otro conflicto en el que, de nuevo se producen miles de muertos, desplazados y la destrucción de la ya malograda infraestructura Liberiana. Finalmente en 2003 se alcanza un acuerdo de paz que acaba con el exilio de Charles Taylor en Nigeria.
Bandera de la UNITA
En los años noventa, en la guerra civil que arrasó Angola, la guerrilla de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) consiguió más dinero de estos diamantes de sangre que del apoyo que Sudáfrica y EE.UU. (esto da para otra entrada, saber a quién, a los largo de la Historia, ha apoyado EE.UU.)

En la República Democrática del Congo (Zaire hasta 1997) se calcula que sólo en la llamada Segunda Guerra del Congo o Guerra Mundial Africana, murieron entre los años 1998 y 2003 (fecha en la que oficialmente termina un conflicto que dura en algunas regiones del país hasta hoy) 3.800.000 personas. A esta cantidad, la mayor en un conflicto desde la segunda guerra mundial, hay que sumar millones de desplazados, refugiados, mutilados, mujeres violadas, niñas esclavizadas y niños soldados. Guerra, como las otras, que no tiene nada que ver con problemas étnicos ni políticos sino con tener el control de minerales como los diamantes o el coltán, del que ya hablaremos otro día pues da para mucho.

Niños en campo de desplazanos internos.
Masisi. RD del Congo



En este marco de locura, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decide tomar cartas en el asunto e imponer sanciones a países como Sierra Leona, Angola o Liberia. No consiguiendo acabar con el tráfico ilegal de diamantes por parte de las guerrillas rebeldes y a petición de los gobiernos de los países productores, se reúnen en la ciudad Sudafricana de Kimberley para tratar de poner en marcha una serie de medidas que certifiquen el origen lícito de los diamantes en bruto para su exportación. El llamado Tratado de Kimberley (en el que participan 41 países más los 28 miembros de la Unión Europea) cumple con tres requisitos:
 
 
-Los países productores controlarán la producción y el transporte de los diamantes en bruto desde la mina hasta el lugar de exportación.
-Las expediciones de diamantes en bruto serán sellados en contenedores inviolables y se librará un certificado del proceso Kimberley para cada expedición.
-Las importaciones de diamantes en bruto no acompañados por un certificado librado por un país participante en el proceso Kimberley, lo mismo que las exportaciones con destino a no participantes, serán prohibidas.
 
La modelo testificando
Estos acuerdos se firmaron en 2004 y desde entonces, se supone, que el 97% de los diamantes que se comercializan en el mundo están limpios. No obstante, hay voces que desconfían de la capacidad de los países productores que suscriben este acuerdo y, se sospecha, que hay países fuera del pacto Kimberley que hace llegar ilegalmente las piedras al país con certificado más cercano. Y es que, como certificó Naomi Campbell en el juicio contra Charles Taylor en 2010, los diamantes en bruto no son más que unas piedras sucias bastante fáciles de ocultar y transportar.
 
 
De hecho, en 2008 según denunció Human Right Watch, en la Zimbaue de Mugabe, el ejército acordonó una zona del este del país donde se descubrieron diamantes y, a punta de pistola, obligó a la población civil a trabajar en las minas. Se denunciaron cientos de asesinatos y tan sólo se pudo prohibir la exportación desde esa zona no siendo expulsada Zimbaue del acuerdo. Es más, según Wikileaks, allegados a  Mugabe, entre ellos su propia esposa, ganaron millones de dólares con el comercio ilegal de diamantes.




Mugabe, el ejército y los civiles. Cóctel explosivo.

Así pues, como muchos de los productos comercializados en este llamado primer mundo y procedentes del tercero, tampoco en los diamantes puedes estar segura de que en su origen, no se hayan violado los derechos humanos más fundamentales de las personas que en su producción trabajan. Al menos en el caso de los diamantes tienes la ventaja al ser pobre de que nunca los podrás comprar. No se puede decir lo mismo de unas zapatillas deportivas o un pantalón vaquero.

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