lunes, 29 de diciembre de 2014

Por un año nuevo de alucine

Hace unos días, sin venir a cuento, me acordé de la anécdota del guitarrista Santana en la que, durante su actuación en el festival de Woodstock de 1969, iba tan puesto de ácido que creía que el mástil de su guitarra era una serpiente. Santana dice que pasó casi todo el tiempo de su actuación con los ojos cerrados de lo aterrorizado que estaba ya que pensaba que si dejaba de tocar, la serpiente le mordería. Por cierto, que Carlos Santana y su banda tocaron en Woodstock sin haber publicado ningún disco todavía. Eso sí que tiene mérito.
 
Santana en Woodstock
 
Pero en realidad no era de Santana de quien quería hablar sino de Albert Hoffman y el modo casual en el que este científico descubrió la dietilamida de ácido lisúrgico, a la que todos conocemos como LSD.
Trabajaba Hoffman, allá por 1938, para la farmaceútica Sandoz en Basilea investigando los usos del cornezuelo del centeno como estimulante del sistema respiratorio y circulatorio. Tras su uso en animales y viendo que no conseguía nada, aparcó la sustancia y se olvidó de ella durante cinco años. Pero en 1943 y, según sus propias palabras, siguiendo una fuerte intuición, comenzó a experimientar con ella de nuevo y fue al cristalizarla que de algún modo se contaminó con ella, probablemente a través de sus manos. Albert Hoffman describiría después la experiencia como de "inquietud y mareo enmarcado en un aura de somnolencia. En un estado de ensueño con los ojos cerrados percibí una corriente continua de imágenes fantásticas, formas extraordinarias con colores intensos propios de un caleidoscopio. Dos horas después, los efectos desaparecieron".

Albert Hoffman. 1906-2008.
Vivió 102 años.
 
Tres días después, a tenor de lo ocurrido, el doctor Hoffman decide consumir 250 microgramos de la sustancia descubierta, pero esta vez los efectos no fueron tan agradables. Tras notar dificultades para hablar, decidió pedir a su asistente que le acompañara a casa. Fueron en bicicleta con gran dificultad y al llegar allí y pedir ayuda a una vecina para llamar a un médico, a Hoffman le entró un ataque de pánico provocado por creer que su vecina, que trataba de hacerle beber un vaso de leche, era una bruja, que tenía el demonio dentro de su cuerpo y hasta que los muebles de su casa tomaban formas monstruosas y le amenazaban. En ese momento, Hoffman llegó a temer seriamente por su vida y, a pesar de las descripciones terroríficas que le hacía al médico, este no pudo más que observar la dilatación de sus pupilas. Físicamente no había nada más fuera de lo normal.
Poco a poco el efecto fue pasando y ese mal viaje dio paso a imágenes placenteras y sensaciones agradables.
 

El Dr. Hoffman en bicicleta
 
A pesar de estas anécdotas que nos pueden parecer hasta graciosas y aunque este tipo de drogas alucinógenas hayan ayudado a muchos artistas a crear obras alucinantes, no siempre la experiencia termina bien. Famoso es el caso de Syd Barrett, fundador de Pink Floyd, a quien el abuso en su consumo le llevó a no ser capaz de seguir con su carrera. Por cierto que el álbum de Pink Floyd "Wish you were here" es un homenaje de Roger Waters y toda la banda a su fundador y principal compositor.
 
 
Syd Barrett. 1946-2006.
 
Pero vamos a quedarnos con las anécdotas divertidas y, dado las fechas en las que estamos, ¡¡os deseo a todos un alucinante año 2015!!
 
 
 
 
 
 
 
 

















1 comentario:

  1. Buen articulo Mercedes, yo he llegado a ver Serpientes,Dinosaurios y a un amigo vestido de Lagarterana. Saludos. Cesar C. JURASSIC_ROCK_OFFICIAL

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