sábado, 24 de enero de 2015

El agua, la vida

No me gustan las fiestas populares. Puedo entender a quienes disfruten con ellas bien sea por creencias religiosas (como la semana santa o navidad) o bien porque se diviertan con ellas y aprovechen esos días para disfrutar a tope (como puede ser el caso del carnaval o de la fiesta del pueblo de cada uno).
Si tuviera que elegir una, escogería la semana santa y no precisamente por motivos religiosos, sino porque la puesta en escena me parece espectacular. Tengo pendiente ver la semana santa de Castilla y León austera y silenciosa en contraste con la que ya conozco, la andaluza, ruidosa y folclórica.
 
Lo que no entiendo ni respeto, son las celebraciones en las que se usan animales para el divertimento de los humanos. Y no me refiero sólo a las corridas de toros, toros embolados, bous a la mar y demás salvajadas en las que el animal claramente sufre o llega incluso a morir, no. No me gustan ni respeto aquellas fiestas en las que se usa a un animal aunque tan sólo sea para un desfile (como por ejemplo las cabalgatas de reyes magos). Me pregunto cuando se legislará al respecto en este país.
 
 
 
Pero si hay fiestas no ya que no respete siquiera sino que directamente me sientan como una patada en el estómago son las que el divertimento es tirar comida. La tomatina de Buñol me dan ganas de vomitar. En el pasado 2014 se emplearon 140.000 kilos de tomate para que 22.000 personas se lo pasaran bien. Casi nada.


 
 
Por todo el globo hay también divertidos concursos consistentes en ver quién engulle mayor cantidad de comida. Tristemente célebre es el programa de televisión "Man VS Food" traducido al español como "Crónicas Carnívoras" (ya sabes man=crónicas; food=carnívoras, el versus no lo traducen).
 
Pero si hay una fiesta que me molesta, me repatea y me indigna más que ninguna es la "fiesta del agua" que se celebra cada 16 de agosto en Villagarcía de Arosa (Pontevedra) en la que cientos, miles de personas derrochan agua a diestro y siniestro.
 
 
 
- Joder, qué tía más seta, qué aburrida, a ver qué le molestará a ella que la gente se tire cubos de agua por encima- estaréis pensando. 
Pues sí, soy una mustia, pero de eso ya hablamos otro día. Ahora me apetece hablar de que mientras aquí tiramos el agua (yo la primera que en vez de ducharme con agua fría como Arias Cañete me espero a que salga caliente), 4.000.000 de personas en el mundo cada año mueren a causa de no tener acceso al agua o por no tener una red de saneamiento adecuada.
 
En el mundo 1.000 millones de personas carecen de abastecimiento básico de agua y 1.500 millones sufren infecciones parasitarias. En muchas aldeas del África rural se comparte el agua de uso doméstico con el agua para los animales o se utiliza el agua de pozos sin protección, lo que es un perfecto caldo de cultivo para los agentes patógenos. En 2012, según datos de la OMS, las muertes por enfermedades diarreicas alcanzaron las casi 2.000.000 de muertes de menores de 5 años en el mundo, el 78% en África y sudeste asiático.
 
 
La Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce explícitamente en su resolución 64/292 del 28 de julio de 2010, el derecho humano al agua y al saneamiento. En dicha resolución reza que el agua debe ser suficiente, sañudable, aceptable, fisicamente accesible y asequible. Pero con las resoluciones de la ONU pasa como con algunos artículos de la constitución del 78 (todo español tendrá derecho a un trabajo y una vivienda digna), que ya tal.
 
 
 
Mientras que en Europa gastamos entre 200 y 300 litros por persona y día, en el África subsahariana la cifra se reduce a 10 litros por persona y día. Para aquellos que viven a más de 1 kilómetro de la fuente de agua, la cifra se reduce a 5 litros. Porque esa es otra. Hay mujeres que tardan entre 6 y 8 horas al día en transportar los bidones de agua desde la fuente hasta su hogar. Muchas veces son las niñas las que se ocupan de esa tarea dejando así de asistir a la escuela. Calculad que esas niñas dedican a transportar agua lo que nuestros hijos a estar en el colegio.
 
 
 
En Senegal se hizo un estudio sobre 5.000 escuelas. De ellas más de la mitad no tenían acceso al agua y, casi la mitad, no tenían las condiciones de saneamiento adecuadas y no separabas las letrinas de niños y niñas por lo que, para no tener que ir a orinar, las niñas no bebían agua en todo el día por lo que acababan deshidratadas o, directamente, no iban a la escuela.
 
 
Pero claro, todos sentimos esas muertes en el mundo y que haya sequía en África, pero jolines, pilla muy lejos de Pontevedra ¿no?, habrá que divertirse... ¿Y coge muy lejos Pontevedra del este de España? En el año 2014 se conoció en Murcia, Valencia y Alicante la mayor sequía en 150 años. Según el Consejo Superior de Investigaciones Ciéntíficas, en un estudio del 2013, las sequías en España cada vez son más intensas y tienen unos mayores períodos de duración. Tan sólo en Alicante el pasado año, tuvieron que, directamente, arrancar almendros que ya habían muerto, no se podían recuperar. Las pérdidas en el campo alicantino se estimaron en unos 60 millones de euros.
 
Así que puede que no sea muy sensible, pero no me gusta ver cómo se desperdicia lo que en otras partes es la misma vida.
 
 

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