miércoles, 14 de enero de 2015

Basura electrónica

No hace mucho, dentro del programa "La Noche Temática" en la 2 de TVE, emitieron de nuevo el documental "Comprar, tirar, comprar" en el que se habla de la obsolescencia programada de los objetos, especialmente los electrónicos, que compramos.

¿Qué es la obsolescencia programada? Si no habías oído hablar antes de ello, yo te lo explico: Se le llama así al hecho de que un producto (una impresora, un frigorífico, un lavavajillas... incluso unas medias) está programado para dejar de funcionar después de determinadas horas de uso desde que fue puesto en funcionamiento por primera vez. En el documental se ve el caso de un chico en el que su impresora "muere" de pronto al haber alcanzado el número de hojas impresas que tiene programadas en un chip. Después de mucho investigar, se arriesga a descargarse un programa que, supuestamente, desbloquea el chip, y ¡¡Oh, sorpresa!! la impresora vuelve a funcionar.
 
 

Es a causa de la obsolescencia programada de los productos, que una nevera o una lavadora de hace cuarenta años que quizás aún conserve tu abuela todavía funciona y, en cambio, la que tú compraste hace tan sólo ocho ya hay que tirarla porque sale más barato comprar otra que repararla. El documental es altamente recomendable.

Pero no es de esto de lo que quería hablar sino de una gravísima consecuencia de ello. La primera vez que vi el documental, mientras se desarrollaba, pensaba: "Bueno, para aquellos que no son caprichosos, esto de la caducidad de los objetos es una faena, pero para aquellos enamorados de las novedades tecnológicas, es la excusa pefecta para deshacerse del móvil o el ordenador sin que les remuerda la conciencia". Y sí, sin duda lo es, pero rapidamente caí en la cuenta de que, todos esos tablets, teléfonos inteligentes, televisiones cada vez más planas que nos venden en las tiendas y sin cuya presencia en nuestros hogares ya no endendemos la existencia, precisan de un mineral llamado coltán para que funcionen. Mineral que ha causado en África numerosas y dolorosísimas guerras (desde la segunda guerra mundial ninguna guerra había ocasionado tantas víctimas como la segunda guerra del Congo) y los mineros en su extracción sufren de unas condiciones de abuso terrible. Sólo ésto ya te hace plantearte ir a las rebajas a por una tableta.

Pero, ¡¡maldita sea!! el documental sigue avanzando y si  no teníamos bastante con el coltán (ya hablaremos tranquilamente de este mineral otro día) ahora nos habla de la "basura tecnológica que invade África". Pero, ¿qué mierda es eso? Mi cerebro occidental nunca se ha preguntado qué pasa con mi viejo teléfono, impresora o monitor cabezón de ordenador cuando lo deposito en el contenedor del punto limpio. -Harán con él otro aparato ¿no?- me digo a mí misma. -Aprovecharán las "cosas" que tiene dentro para hacer una tele, una radio o lo que los gafotas informáticos quieran.
 


 

¡¡ERROR!! Pues no. El 75% de nuestra basura blanca se "pierde" de los circuítos legales de reciclaje y viaja en contenedores hasta vertederos de Ghana, Bangladesh, China o Pakistán. En estos cementerios de deshechos electrónicos, los "trabajadores" (muchos de ellos niños) extraen de los aparatos las piezas que pueden revender y después destrozan el resto para sacar minerales como oro, aluminio o cobre en condiciones deplorables. Por poner un ejemplo, para recuperar el cobre de los cables, queman sin ninguna medida de seguridad el plástico que los recubre o manejan a diario materiales áltamente tóxicos como plomo, mercurio o cadmio.  Todo ello con unas consecuencias para su propia salud y para el medio ambiente lamentables.
 

Vertedero de Agbogbloshie en Accra, capital de Ghana
 
 ¿Y cómo salen del circuito legal de reciclaje estos aparatos? Hay otro excelente e impactante documental, también dirigido por Cósima Dannoritzer, "La tragedia eléctrónica", que se puede considerar la segunda parte de "Comprar, tirar, comprar" en que nos explican que, simplemente robándolo de los puntos limpios de nuestros municipios o a través de auténticas mafias con empresas fantasma de reciclaje que lo que hacen en realidad es venderlo al tercer mundo como material de segunda mano. Y es que el tráfico de basura electrónica mueve ya más dinero en el mundo que el tráfico de drogas.

Hasta el 90% de los componentes de un teléfono móvil son reciclables. Según datos de la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU, por cada millón de teléfonos móviles reciclados, que pesan unas 70 toneladas, se pueden recuperar 16 toneladas de cobre, 350 kilos de plata y 34 kilos de oro. Aún así, al ser más caro el reciclarlo correctamente que el beneficio que de estos materiales extraídos se obtendría, se envían al tercer mundo.
 
Así pues, ¿qué podemos hacer como consumidores? Se me ocurre, lo primero, ser menos caprichosos. Preguntarnos si de verdad necesitamos ese aparato. Aunque también hay que ser justos. No es todo culpa nuestra como consumidores. Es obligación de la autoridades velar para que se reciclen como deben el material (cada aparato que compramos incluye en su precio un impuesto para su posterior recoclaje) o que los circuítos y componentes de un aparato fueran accesibles para su reparación, algo cada vez menos frecuente. Pero claro, importantes intereses económicos se ponen en juego y al fin y al cabo, ¿a quién le importa la salud de las personas que viven o los ríos que hay a miles de kilómetros al sur?
 

Agbogbloshie
 

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