lunes, 16 de marzo de 2015

Holodomor

Hace pocas semanas estuve leyendo "Canta Irlanda" un maravilloso libro de Javier Reverte el que es, creo, mi escritor favorito. En él nos transporta a los paisajes  y la historia de la verde Irlanda en uno de sus fantásticos viajes. En el libro narra un episodio histórico que yo desconocía: La gran hambruna irlandesa del siglo XIX.
 
Entre los años 1845 y 1849 se calcula que pudieron llegar a morir de hambre hasta 2.5 millones de irlandeses. Muertes que pudieron ser evitadas pero que los británicos, exhibiendo una crueldad supina, no quisieron solucionar. Por aquella época las tierras cultivables irlandesas eran propiedad de los aristrócratas ingleses y los campesinos irlandeses sus aparceros. Todas las cosechas eran exportadas a Inglaterra mientras que los campesinos se alimentaban de la huerta familiar, principalmente de patatas. Pero una enfermedad de la patata acabó con todas las plantaciones de este tubérculo. Mientras los campos de trigo seguían a pleno rendimiento, los patatales morían, el principal alimento de los campesinos irlandeses. La ineficiente política económica de Gran Bretaña y la crueldad de los terranientes que en plena hambruna siguieron exigiendo la renta y el grano a los campesinos, llevaron a mermar en un cuarto la población de Irlanda.
 
Monumento a la gran hambruna irlandesa. Dublín.
 
 
Fue al leer este episodio en el libro de Reverte el que me hizo recordar otro más trágico aún que ya conocía de hace tiempo: El genocidio ucraniano o como ellos lo llaman el Holodomor.
 
En el invierno de 1932-1933 Stalin, uno de los mayores, si no el que más, asesinos de la historia, llevó a cabo un plan de exterminio de la población ucraniana tan bien pensado y ejecutado que entre 7 y 8 millones de personas murieron por inanición.
 
 
 
En 1929 Stalin y el Comité central del Partido Comunista decide llevar a cabo la expropiación de las tierras agrarias y una colectivización estatal de la agricultura que le serviría tanto para alimentar a la población y al ejército como para exportar. Hay que recordar que el 82% de la población de la URSS trabajaban en la agricultura.
 
Pero hete aquí que se encontró con la firme oposición de los agricultores, entre otros, ucranianos, especialmente de los kulaks (la clase alta campesina) que aún mantenían a campesinos en régimen de servidumbre. Stalin, por supuesto, no podía permitir oposición a sus planes y mucho menos de Ucrania, que era conocida nada más y nada menos como "el granero de Europa". ¿Y que se le ocurre a Stalin? Pues mandar a la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) a requisar las cosechas de los campesinos al mismo tiempo que se les prohibía salir de Ucrania. Grano, patatas, coles, remolacha, todo era requisado de las granjas de los ucranianos al tiempo que se les prohibía comprar, intercambiar o conseguir alimento de cualquier modo.
 
 
 
El sistema ideado por Stalin para castigar la oposición de los  a sus planesfue tremendamente cruel. Mientras 25.000 personas morían al día, en ese invierno de 1932-33, las exportaciones del grano crecieron como nunca.
 
Durante mucho tiempo  informes sobre la dramática situación ucraniana que se escapaban al férreo control soviético llegaron a occidente, y occidente, como no, volvió la cara hacia otro lado (ahora se me viene a la mente el genocidio de Ruanda y la vergonzosa actuación europea, en especial de la Francia de Mitterrand). Inmigrantes ucranianos desde el resto del mundo enviaron alimentos a sus compatriotas que fueron requisados.
 
 
 
En 2008, tanto el Parlamento de Ucrania como diecinueve gobiernos de otros países, reconocieron el Holodomor como un acto de genocidio. Ese mismo año, el Parlamento Europeo adoptó una resolución en la que se consideraba este hecho como un crimen contra la humanidad. También han expresado su repulsa por el Holodomor la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europeas y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
 
Estos son sólo dos de los muchos de los tristes episodios de la historia que nunca deberían ser olvidados. El otro día en la radio hablaban del campo de concentración alemán de Dachau y del debate que se da en Alemania acerca de cerrar los antiguos campos de concentración nazis o, por el contrario, seguir como hasta ahora que incluso son de obligada visita escolar. Yo creo que nunca hay que olvidar. Hay que pasar página, sí, pero nunca tratar de olvidar o evitar el acceso a la información. Aunque, la verdad, tampoco es que sirva para que las atrocidades no se repitan. Sólo hay que ver la noticias para darse cuenta de que el ser humano no termina nunca de aprender nada.
 
Monumento conmemorativo al holodomor. Kiev.
 

2 comentarios:

  1. Muy interesante Mercedes, esperando el próximo.

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante Mercedes, esperando el próximo.

    ResponderEliminar