martes, 16 de junio de 2015

Esclavos, entonces y ahora

Hace unos meses salió en varios medios de comunicación el siguiente anuncio:


Es un anuncio real que ofrece como remuneración el alojamiento en el hostal en el que se trabajaría como "manitas".
En esos mismos días, y debatiendo sobre el tipo de empleo que se estaba creando en España, en el programa de Jesús Cintora entrevistaron a un chico de Cádiz que se ofrecía a trabajar gratis. Tan sólo pedía a cambio que le formaran y que cotizaran por él, pero se conformaba con no recibir contraprestación económica alguna.
 
Hace unos días el Banco de España avaló lo que días antes decía el Fondo Monetario Internacional de que hay que bajar sueldos, subir el IVA, abaratar el despido e implantar el copago sanitario. Ayer el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, sacaba pecho y afirmaba que nada de copago sanitario. Permitidme que me carcajee, jajajajajjaja, veremos a ver qué dice después de las próximas elecciones generales. A ver si dice lo mismo sin ser año electoral y con una legislatura por delante (suponiendo que el PP gane, claro).
 
-¿A dónde quieres llegar?- Os preguntaréis las pocas personas que leéis este blog. Pues quiero llegar a que la esclavitud ha vuelto a este país. A que todos los derechos que nuestros padres consiguieron en los años 80 los estamos perdiendo. Y como la esclavitud ha vuelto como parece ser que han vuelto los pantalones de campana, vamos a hacer un repasito a la Historia de este país y a hablar de ella.
 
En España la esclavitud no se abolió hasta el año 1837 y en las colonias ésto no fue posible hasta mucho después. En Puerto Rico hasta el año 1873 y en Cuba hasta 1880.
 
La primera vez que se tiene constancia de que se enviaran esclavos a América fue cuando Fernando el Católico envió en 1510 a 50 esclavos negros a las minas de oro de La Española (actual República Dominicana y Haití). Al mismo tiempo, el descubrimiento de América supuso una fuente inagotable de secuestro de personas para su comercio: Mercancía humana que se le llamaba.
 
 
 
En 1537 (ojo porque ésto es muy fuerte) el papa Pablo III en una bula papal declara la humanidad de los indígenas, es decir, que se entiende que había dudas sobre si eran personas o animales. Al mismo tiempo se aprueba el sistema de "encomienda", lo que se traduce en que los indígenas eran encomendados a los españoles para trabajar. En el año 1791 el sistema de encomienda se suprime para pasar a ser esclavitud, con todas sus letras.
Otro día podemos hablar de lo que muchos historiadores han llamado la "catástrofe demográfica en América" o directamente "genocidio", que da para mucho. Me lo apunto para el próximo 12 de octubre.
 
Sólo hasta finales del siglo XVIII el número de secuestros sólo en el África subsahariana se estima en un mínimo de 10 millones de personas (hay historiadores que hablan de hasta 60 millones).
 
Pero no sólo se enviaron esclavos a América. A través del puerto de Cádiz llegaban esclavos del África subsahariana (llamados guineos), del magreb (llamados azenegues) o del imperio otomano que se distribuían por toda la península. Familias de comerciantes de ascendendia santanderina, genovesa y veneciana hicieron una gran fortuna con el comercio de personas.
 
 
 
Estas personas eran desposeídas de su cultura, su lengua y su religión para pasar a desempeñar los trabajos más bajos de la sociedad como la construcción de murallas, limpieza de las calles o servicio doméstico. Los esclavos eran, en su mayoría, varones de entre 20 y 40 años. Pero también eran valoradas las mujeres jóvenes, que soportaban todo tipo de agresiones sexuales (los registros de nacimientos de niños ilegítimos dan fe de ello) y los niños, que servían para acompañar en sus juegos a los hijos de los amos durante su primera infancia y más tarde pasaban a desempeñar trabajo domestico también. Los más apreciados y los que gozaban de mejor trato eran los esclavos subsaharianos. Los peor considerados eran los que profesaban el islam por el histórico desprecio a su religión que en este país se ha sentido (y se siente, aquí hablar en pretérito no sirve).
 
Se estima que a finales del siglo XVI el 10% de la población gaditana eran esclavos. A finales del XVIII, en cambio, a causa de la alta mortalidad infantil que siempre les acompañó, las distintas epidemias de fiebre amarilla y las hambrunas que la Guerra de Sucesión provocaron, diezmaron la población esclava de tal modo que para principios del XIX era practicamente testimonial su presencia en Cádiz.
 
En 1813 el diputado del Partido Liberal de las Cortes de Cádiz Isidoro de Antillón realiza un discurso pro-abolición de la esclavitud que levantó tal indignación que le valió un linchamiento en las calles de Cádiz. Unos historiadores cuentan que murió a causa de las heridas pero otros aseguran que fue detenido en 1814 por orden de Fernando VII y que fallecería en 1820 sin haber logrado la libertad.
Aunque Cádiz y sus Cortes  son conocidas como la cuna de la libertad y su Constitución de 1812 como un gran avance para la época; los vientos de la libertad no soplaban igual para todos. En el Diario Mercantil de la ciudad andaluza del 30 de marzo de 1813, se refleja la venta de una mujer negra de 27 años y sin defectos.
 
En 1870, siendo el gaditano Segismundo Moret Ministro de Ultramar, decretó la llamada "libertad de vientre", lo cual quería decir que los hijos de esclavas de las colonias nacerían como personas libres. Ante lo que se rebelaron los colonos. De hecho el gérmen del independentismo de las colonias fue la abolición de la esclavitud.
 
Monumento a Moret. Plaza de San Juan de Dios. Cádiz.
 
Es triste que a día de hoy, en toda España exista un sólo recuerdo hacia todas estas personas desarraigadas, secuestradas y despojadas de sus raíces. En Cádiz tan sólo existe el "callejón de los negros" que es una calle frente al puerto por donde supongo circulaban estas personas al bajar de los barcos.
 
Callejón de los Negros. Cádiz.
 
Y triste es que en pleno siglo XXI tengamos que hablar de cómo estamos perdiendo derechos los trabajadores. Pero no sólo eso. La esclavitud sexual y el tráfico de seres humanos, de mujeres y niños, es hoy una realidad. La trata de esclavas sexuales mueve más dinero en el mundo que el narcotráfico o el comercio de armas. Una lacra. Una pesadilla contra la que hay que luchar. Pero hay que luchar en su origen: La pobreza y la miseria que son las que permiten a las mafias captar a estas personas. Tal cual hace más de 500 años.

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