jueves, 18 de junio de 2015

Una historia las vacunas (segunda parte)

...continúa de la entrada anterior. No me leas ésta primera. No me, no me, que te, que te...

Había dejado la entrada anterior en todo lo alto preguntando cómo el rey Carlos IV haría llegar la vacuna de la viruela que ya tantas vidas estaba salvando en Europa hasta América.
Ante los numerosos mensajes de los cientos, qué digo cientos, miles de lectores que leen este blog, voy a espabilar, dejar las decenas de obligaciones que tengo como puede ser la de presentar la declaración de la renta (sí amigos, a la fecha en la que estamos y aún no la he presentado) y contaros el final de esta historia.
 
El rey Carlos IV consultó al Consejo de Indias cómo llevar la vacuna hasta América. Por aquella época no había aviones ni neveras donde meter un virus vivo. Las opciones eran tres: Llevar una vaca infectada, una persona infectada o llevar el líquido infeccioso entre dos cristales sellados. Esta última opción era inviable por lo largo del recorrido y el calor sudamericano.
El llevar una vaca o una persona infectadas no serviarían de nada, pues al llegar al destino estarían curadas.
La opción de llevar un rebaño de vacas que se fueran contagiando entre sí tampoco era factible por lo aparatoso, así que la opción estaba clara: Había que hacerlo con personas que se fueran contagiando sucesivamente las unas a las otras.
 
"Carlos IV a Caballo". Francisco de Goya. 1800.
Museo del Prado.
 
 
La llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna partió del puerto de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 con cuatro médicos a bordo entre ellos el alma de aquella expedición, el propio médico personal de Carlos IV: Francisco Javier Balmis; y su colega Josep Salvany y Lleopart.
 
Además de ellos iban también dos practicantes, tres enfermeros y 22 niños. Sí amigos, niños. En concreto huérfanos de la Casa de Expósitos de La Coruña. Uno de esos niños era el propio hijo adoptivo de la directora de la casa, que también iba en la expedición acompañando a los niños.
Este es el tema más controvertido, a nuestros ojos, de la historia: El hecho de que fueran niños los que tuvieran que hacerlo.
¿Por qué niños y no adultos? Era necesario que fueran niños, primero porque era fundamental estar seguros de que las personas que se fueran vacunando no hubieran pasado la enfermedad pues la vacuna no prendería y se rompería la canena; y segundo, la inoculación se hacía directamente, de persona a persona, y no podían arriesgarse de que se contagiara otra enfermedad que tuviera, aún sin saberlo, el portador. El usar niños huérfanos sí es muy triste, pero pensado friamente, niños sin arraigo en España que emprendieran en América una nueva vida (muchos fueron adoptados en México) pues no parece tan horrible. Sobre todo porque la tasa de mortalidad en la casa de expósitos era del 76%. Quedarse allí sí que era cruel.
 
Al llegar a Venezuela la expedición se dividió en dos: Una parte continuó por mar hasta Cartagena de Indias, Cuba, Centroamérica y México; y otra siguió por tierra hacia Bogotá, Perú, Ecuador y Bolivia. Una pequeña parte, incluído Salvany, continuó hasta el sur de Chile y regrasarían al Perú en 1812.
 
 
 
 
Logicamente, todo esto no se logró sólo con los 22 niños que salieron de España, en total fueron más de un centenar los niños que fueron incorporándose a las distintas etapas del viaje.
 
En 1805, con 26 niños mexicanos, la directora de la casa de expósitos y Balmis partieron en otra expedición rumbo a Filipinas. Desde allí siguieron hasta Macao y en 1806 recalaron en China. A los niños no los dejaron allí, se los llevaron de vuelta a México donde la directora se quedó con su hijo a vivir definitivamente.
 
En esta expedición no sólo se llevó la vacuna, también se llevó el conocimiento y la técnica a los médicos locales.
En la actualidad son varias decenas de millones de personas las que se han salvado indirectamente de la viruela gracias a esa expedición.
 
Como decíamos en la entrada anterior, la viruela es una enfermedad erradicada de la Tierra. Tan sólo existen dos muestras en dos laboratorios de Estados Unido y la Federación Rusa. En repetidas ocasiones se ha pedido que estas muestras se destruyan ante el peligro que supondría que un accidente ocurriera y se liberara este virus fatal. Finalmente, ante las sospechas de que algún país del mundo tenga reservas secretas del virus que emplear en una posible guerra bacteorológica (se me erizan los pelillos del cogote de pensarlo) y el hecho de que, nunca está de más seguir investigando sobre esta enfermedad, han hecho que, se decida no destruírlas.
 
Los seres humanos somos capaces de hacer cosas horrosas, pero de vez en cuando, también somos valientes y hacemos cosas maravillosas.

 

4 comentarios:

  1. Mercedes este artículo te ha dejado en todo lo alto, buenisimo.
    Esperando el siguiente!!!

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  2. Mercedes este artículo te ha dejado en todo lo alto, buenisimo.
    Esperando el siguiente!!!

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  3. Mercedes este artículo te ha dejado en todo lo alto, buenisimo.
    Esperando el siguiente!!!

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    1. ¡¡Gracias!! Tú que lees con buenos ojos ;)

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